 |
| Alemania, la inflación de 1923 |
Las primeras monedas
que se acuñaron vieron la luz en el antiguo reino de Lidia, potencia comercial
que prosperó entre los siglos XIV y VI A. de C. en el oeste de la Península de
Anatolia en la actual Turquía. Según Heródoto, el pueblo lidio fue el primero
en introducir el uso de monedas de oro y plata y en crear establecimientos de
cambio permanente para favorecer el comercio. Estas primeras monedas vieron la
luz durante la segunda mitad del siglo VII A. de C. y fueron creadas para el
pago de las tropas de un modo eficiente y ordenado. A partir de ahí el uso de
monedas y otras formas de dinero, como el papel moneda, se extendieron por el
mundo como consecuencia de la expansión de la actividad mercantil. Con el paso
del tiempo, esta evolución permitió que los Estados prosperaran y se hicieran
garantes de que tanto billetes como monedas tuvieran un respaldo en el tesoro
público generando las condiciones para un progresivo ordenamiento del comercio
entre las naciones y los individuos. El funcionamiento ideal del sistema
permitía que todo el dinero circulante pudiera ser canjeado por oro y plata
perteneciente a las reservas de los países acuñadores.